3 de noviembre de 2013

"Quiet little voices"

El sonido más maravilloso del mundo. Rítmico, acompasado, potente... Se reparte por cada una de las partes de su cuerpo con igual intensidad. Se siente con el simple gesto de acariciar su pecho. Podría dormir y descansar durante horas sólo escuchando esa melodía angelical y sin embargo, a veces me doy cuenta de que está protegido por una coraza. Las cicatrices del pasado no se ven pero sé que están ahí, impidiéndole dejarlo de nuevo en manos de alguien. Es devastador saber que nadie lo ha cuidado como se merece, pisoteándolo como si no importara lo más mínimo.
Pero lo más difícil es saber que me va a costar más que al resto atravesar la armadura que él le ha creado para que no vuelva a sufrir. No sé qué hacer o qué decir para llegar a lo más profundo de ese armazón y que empiece a liberarlo poco a poco. Aun así, no pienso rendirme ni un segundo. Puede que hasta ahora no haya logrado grandes avances y de vez en cuando ser consciente de eso duele un poco, pero de alguna manera que desconozco sé que me pertenece. Sé que puedo protegerlo y mimarlo con mi vida y que podría hacer que latiera al unísono con el mío. Sé que no es fácil ni rápido, sé que me va a costar sonrisas y lágrimas pero también sé que voy a tener todo el tiempo del mundo para conseguirlo. Minuto a minuto, día tras día, mes a mes. Es un reto complicado pero es imprescindible, sobre todo para él.
El miedo al dolor y al sufrimiento son malos consejeros pero excelentes guardianes de corazones. Por suerte, creo que sabré ahuyentarlos. Y haré todo lo que esté en mi mano, cueste lo que cueste. Porque se merece el mundo, todo mi cariño, paciencia y ayuda. Toda mi generosidad y bondad. Porque es lo mejor que me ha pasado y me pasará y porque desde que le conocí, sé que no hay mejor persona para mí que él. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario