24 de junio de 2013

Aventurero :)

Estoy terriblemente enfadada y angustiada. Las discusiones son horribles y sacan lo peor de las personas y de mí. Decido que no puedo quedarme en casa. Un paseo me sentará de maravilla, como siempre. Quiero ir al centro de la ciudad y perderme entre el gentío, despejarme. Cojo algo de lectura rápida para entretenerme por el camino y para relajarme. Una vez allí me dedico a pasear, perdida entre tanta gente, como si la vida y el mundo exterior no fueran conmigo. Nada de pensar. Sólo soy una persona más vagando por la calle. Mi cabeza pierde conexión con mi cuerpo y dejo que mis pies me lleven donde quieran. Observo las caras de aquellos que me cruzo. Todos inmersos en sus propios pensamientos. "Mala idea" pienso y sonrío para mí. En ese mismo instante me doy cuenta. Le echo de menos.
Y es un sentimiento satisfactorio. Echarle de menos es bueno. Eso significa que él me importa, más de lo que pensaba. Echo de menos su mirada escrutadora mientras vamos en el coche y yo me distraigo cantando, sus muecas mientras hace halago de sus muchas anécdotas o sus vaciles constantes sobre mi escasa libertad y experiencia. Es inevitable sonreír cuando me acuerdo de esos pequeños momentos.
Lo más interesante de todo es que hace muy poquito que nos conocemos pero... todo es tan natural entre nosotros... Me encanta el día a día con él. Sin agobios ni presiones. Sólo dos personas que se están conociendo poco a poco y que disfrutan el uno con el otro. Las conversaciones son siempre tan... no sé, me llena de algo que casi creía desaparecido. Son un soplo de aire fresco y me llena de seguridad y confianza en mí misma. Llevo tres semanas alegre y feliz y casi no me reconozco a mí misma. Es una sensación tan placentera... No quiero se que se acabe nunca. Ha sacado lo mejor de mí sin que apenas me diera cuenta. Ha entrado en mi vida como un torbellino, pisando fuerte, haciéndome sentir viva de nuevo. Buscaba a Pasión y la he encontrado. ¡Vamos que si la he encontrado!
Y no pienso dejarla escapar...

19 de junio de 2013

Desenfreno (primera parte)

Apoyada sobre la barandilla miraba poco concentrada al horizonte. "Las vistas son preciosas", pensaba para sí. El día estaba tocando a su fin y por ello el cielo se había teñido de colores rosados. Sabe que él está a punto de llegar y el nerviosismo es más que patente. Nunca le había pasado nada parecido. El cosquilleo en el estómago era una sensación desconocida para ella y en cierto modo le resulta divertida. Sin embargo no lo era tanto cuando no era capaz de articular tres palabras seguidas sin balbucear o ponerse roja.
Estaba distraída en sus pensamientos cuando notó su abrazo desde atrás. Siempre tan puntual... En este caso no sabía si eso era bueno o malo. No había tenido tiempo de relajarse lo suficiente como para poder respirar con normalidad en su presencia.

- Hola, preciosa. Te he echado de menos - le dijo meloso.

El simple sonido de su voz hacía que se estremeciera y agitara. No terminaba de comprender por qué le cautivaba tanto ni por qué hacía que se sintiera como una niña pequeña e indefensa. Era tan especial... Desde el primer momento que le vio supo que estaba perdida, que no tendría escapatoria. Ese día la esperaba al lado de su coche, apoyado sobre él como si de un modelo de revista se tratara. La miró con deseo y le dio dos besos.Ella sintió como su cuerpo se derretía por primera vez. Era guapo y tenía algo misterioso que lo hacía muy atrayente. El principio de todo... Recordaba cada detalle de ese día y de los siguientes después de ese. Habían pasado casi tres meses desde aquello y todavía no era capaz de contener  sus temblores. Era afortunada de tenerle pero deseaba poder estar tan tranquila como él cuando estaban juntos.
Hoy, de todas maneras, tenía doble motivo para estar cardiaca. Era el día. Así lo habían decidido. Había llegado la hora de dar un paso más en su relación, de entregarse el uno al otro, de tener sexo desenfrenado. Estaba nerviosa pero preparada. Le deseaba con tanto fervor que no sabía como había sido capaz de contenerse en anteriores ocasiones. Era extraño porque cuando pensaba en él de esa manera, tenía más determinación. Tenía que coger el toro por los cuernos. Ni siquiera le contestó al saludo. Se lanzó a sus brazos sin pensarlo y se abandono a la tensión y pasión del momento. Les esperaba una noche muy muy larga....