27 de septiembre de 2013

Una especie de milagro


Quería escribir una entrada feliz. Algo alegre y novedoso. Pero no me siento así ahora mismo. Estoy agotada. Veo cómo el tiempo pasa veloz y no puedo hacer nada para pararlo y darme un respiro. "Aprovecha el momento, no te agobies". Qué típico. No sé ni cuántas veces lo he oído y, sin embargo, es algo que ni me planteo. La realización de mis metas y sueños dependen en parte de que ahora esté agobiada y dé el máximo de mi en lo que lo tengo que dar.


Pero algunos días...bueno, es un quiero y no puedo. Me pasan cosas buenas y ni siquiera tengo un momento para sentirme contenta por ellas.
Empiezo las mañanas con energía. La música ayuda y camino hacia la universidad preparada, con ganas y medio bailando. Sin embargo, pasan las horas, el cansancio empieza a hacer aparición y se encarga de cambiarme el humor y, en ocasiones, el estado de ánimo. Pienso en todo lo que tengo que hacer antes de que se acabe el día y me resulta imposible no sentir cómo el agobio y el pánico se apoderan de mí. No tengo tantas horas en el día. Por un instante me siento perdida y abandonada. Luego recuerdo que forma parte de mi sueño y que debo luchar por conseguirlo. Cueste lo que cueste. 
Así son mis días, uno tras otro. En fila india hasta que llegue Diciembre o Enero y pueda descansar. 


Todo parece oscuro y retorcido y cuando crees que la monotonía es un túnel sin salida, aparece la luz. Mi luz. Mi causa perdida. Alguien que parece tener mil problemas y no sabe cómo resolverlos. Alguien que utiliza un juego para evadirse de la realidad. Alguien que me recuerda a alguien.

Y me hace reír. Me divierto hablando con él o al menos intentándolo. Pero es emocionante, es lo que me da vida. Como él diría: "YOSH". Me hace plantearme muchas cosas. Me intriga. Es muy bueno y él ni siquiera lo sabe. Me gusta la persona. O quizás la causa perdida, aún no lo sé. El caso es que me emociona cada noche y me hace sonreír con ganas. Soy consciente de lo absurdo que es pero no puedo dejarlo estar. Me da igual que los impedimentos sean cien mil millones, el simple hecho de hablar ya hace más interesante mi día. 

En cambio no. No siento nada fuerte ni trascendental. Mi mundo no depende de ello, pero mejora y eso es suficiente para que no pueda abandonarlo. Es el milagro del nacimiento de una amistad que no esperabas. La alegría de saber que hay alguien ajeno a ti que te entiende y, de cierta manera, te necesita. Así que no, no puedo abandonarlo. No ahora. No nunca. (Espero)

18 de septiembre de 2013

"Porque cuando descubras lo poderosos que son tus pensamientos..."

¿Por qué nos costará tanto decir las cosas en el momento en el que pasan por nuestra cabeza? Me ha ocurrido tantas veces que tengo miedo de que en cualquier momento las palabras salgan solas causando daños mayores.
Bueno, dado que siempre he considerado que se me da mejor escribir mis pensamien
tos que decirlos en alto, ya va siendo hora de que suelte algunas de mis preocupaciones:

"¿Por qué todo ha cambiado? ¿Dónde está la complicidad que antes existía entre nosotros? Siempre creí en esa amistad que empezó de la manera más casual y espontánea posible, pero... ¿Acaso la hemos descuidado tanto que ahora nos conformamos con un simple saludo o una sonrisa? Es muy triste.. Te debo mucho pero ya no sé cómo dirigirme a ti ni cómo recuperar la relación que había al principio. Parece que mi yo atormentado atrae a la gente y cuando las cosas mejoran, simplemente creen que su trabajo ha mejorado y que ya no les necesito. ¿Es eso? ¿Ya no soy tan interesante porque no tengo tantos problemas ni complejos? Si es así... No pienso volver al pasado, estoy cansada de hacerlo. No voy a comprometer mi felicidad para que nadie venga detrás porque creo que la amistad no está fundamentada en eso.
Todo el mundo está muy raro últimamente. A lo mejor es cosa mía, no digo que no pero la verdad es que no suelo equivocarme con ese tipo de sensaciones. No entiendo nada. Creí que todo sería diferente pero mejor y, a pesar de que mi vida ha dando un gran salto para bien, las decepciones siguen llegando por los cuatro costados. Nadie me advirtió de que las personas a las que quieres pueden alejarse de ti y no tienes tiempo para remediarlo o no sabes cómo. Siempre he sido de sentarme a esperar a que las cosas se solucionen solas y ahora que quiero empezar a hacerlo por mí misma, no tengo ni la más mínima idea de cómo arreglarlo.
Te echo de menos. Un verano enterno de por medio y las cosas por contar se convierten en simple humo. Nada importa. Cada uno a lo suyo. Nunca pensé que sería así. Supongo que ahora ya podrás decirme algo.
Yo, mientras tanto, voy a seguir sonriendo por las cosas más ínfimas y surrealistas que me pasen, ya perdí demasiado tiempo lamentándome y llorando. Las lágrimas estás sobrevaloradas y las sonrisas muy caras pero no me importa. La alegría es necesaria para seguir adelante y, por el momento, nada me la va a quitar"

14 de septiembre de 2013

Ese instante en el que todo desaparece salvo tus recuerdos


Es tan sólo una fracción de segundo. Un pestañeo. Un relámpago que ilumina y se va por donde ha venido. Es la caída del último grano de un reloj de arena. Hablo del tiempo que necesitan las fortalezas mentales para venirse abajo y dar constancia de que todo lo que creías olvidado sigue ahí.

Un deseo por cumplir, un proyecto desechado, un posible amor, una traición que creías pasada. Todo vuelve. Es el momento en el que desconectas de la realidad exterior. Entras en una especie de cámara lenta y el recuerdo se apodera de todos tus sentidos. Sientes una presión extraña en el pecho y te quedas como paralizado. Benditos flashbacks.

Y justo ahí te das cuenta de que estás perdida, que aunque sepas que todo está bien y que nada te va a quitar la sonrisa, hay ciertas cosas que no se olvidan tan fácilmente; q
ue tiene que pasar un cierto tiempo para que los fantasmas del pasado se desvanezcan y puedas seguir
adelante con normalidad.

Nunca sabes cuándo va a aparecer ésta sensación, pero cuando lo hace... Bueno, te sientes diferente. Son los golpes de realidad que tanto tememos pero que son muy necesarios para no caer en el autoengaño. La vida es bonita, pero no debe basarse en mentiras; sino en el fluir de los acontecimientos.

No podemos borrar nada. Todo lo que nos pasa, nos ha pasado o nos pasará es parte de nosotros y no se puede cambiar. Hay que aprender a convivir con ello de manera que no te afecte en exceso. Además,  en cierta medida, saber que lo has superado llega a ser parte de  tu felicidad. Somos dueños de nosotros mismos, y en nuestra mano está escoger cómo queremos vivir. Hay dos opciones: Puedes anclarte al pasado y entrar en una espiral de autocompasión y tristeza de la que es complicadísimo salir. O puedes poner una sonrisa sincera, afrontar lo que venga con alegría y ser conscientes de que en cualquier momento puede llegar algo bueno.

Hace unos años, lo que ya considero una eternidad, escogí la primera opción y no pude arrepentirme más. Pero ahora es distinto. Ahora espero que lo bueno llegue, con una felicidad y una energía que no había sentido nunca. Y me pregunto...¿ cuando llegue lo bueno, esa sensación tan breve y extraña de vuelta al pasado desaparecerá? Porque, por mucho que me cueste reconocerlo, la echaré de menos.

8 de septiembre de 2013

Tu est mon amour, ma petite princesse

Después de un largo paseo, la vio al final del embarcadero. Su larga melena pelirroja ondeaba al viento. Daba la sensación de que en cualquier momento iba a echar a volar. Se encontraba de espaldas a él, pero sabía con seguridad que tendría los ojos cerrados. Le había dicho mil veces que el sonido de las olas le relajaba y él no lo había olvidado. Por ello había elegido ese sitio para celebrar su primer aniversario juntos.

Era demasiado feliz... Tanto que tenía la sensación de que en cualquier momento iba a explotar. Él último año junto a ella había sido simplemente maravilloso. Le encantaba todo de ella. Sus preciosos ojos color miel, su hoyuelo en la barbilla cuando sonreía, sus ataques de locura que acababan siempre con ellos dos saltando sobre la cama y la paz que irradiaba cuando dormía a su lado.

Contagiaba la alegría a cualquiera. No creía que hubiera nadie más en el mundo tan especial como ella y se había dado cuenta de que le quería como no había querido nunca a nadie. No se lo había dicho, pero estaba preparado para decírselo hoy. Era una necesidad que ella supiera que no podía vivir sin estar a su lado, que cada día se despertaba pensando en ella y que no imaginaba un mundo en el que no estuvieran juntos.
Rezaba para que ella sintiera lo mismo y le correspondiera hasta el fin de sus días.
Siguió mirándola mientras avanzaba por el paseo de madera rodeado de yates y pequeñas embarcaciones. Soñaba con tener una y llevar a su preciosa chica a surcar los mares. Los dos solos, rodeados de la inmensidad del océano con ninguna preocupación excepto quererse hasta morir.


Ella no supo que él había llegado hasta que la abrazó por la espalda. Su pelo olía vainilla y su piel al perfume que le regaló por su cumpleaños. Era adictivo. Le acarició la mejilla con ternura, restregó su naricilla por su largo cuello y le susurró al oído:

- Ya estoy aquí. Ahora y para siempre. Te quiero, mi ángel.