14 de noviembre de 2013

Even fairy tale characters would be jealous

A veces me doy cuenta de la diferencia que supone un día o, en este caso, una noche. La persona indicada en el lugar indicado. Casualidad lo llamarían algunos, pero yo prefiero pensar en Destino. Un espíritu solitario desde hace demasiado tiempo que encuentra su camino en el mundo; un camino en la mejor compañía.
Todo cambia. Te sientes segura. Nada malo puede pasar al lado de esa otra persona que ha puesto el color al gris que antes cubría los paisajes. Una inspiración constante. Una mano que tira de ti cuando haces el amago de caer. Una dosis necesaria de la droga más sana que existe.
A ratos sigo sin creerme la suerte que tuve de conocerle.
Se dice que el tiempo pasa más rápido cuando se es feliz y yo por fin puedo decir que es verdad. Ha pasado un mes y ni siquiera me he dado cuenta. Las horas a su lado parecen minutos. Pero todo el tiempo es de calidad. 
Podría pasarme un eternidad viéndome reflejada en esos ojos que me observan con dulzura. Mi capacidad de abstracción cuando me abraza se eleva hasta el infinito. Es una sensación de paz interior y de cariño incondicional que desconocía hasta el momento. 
No importa lo mal que me encuentre que siempre da con la manera de hacerme sentir mejor. Aunque sea con la tontería más grande del mundo. Porque todo hay que decirlo, tontos somos bastante :)
Es increíble lo positivamente que ha influido en mí en tan poco tiempo y me gustaría pensar que yo he tenido el mismo efecto sobre él. 
Me asombra lo parecidos que somos en algunas cosas, sobre todo en aquellas de las que los demás se aprovechan. Hacer sacrificios por los demás es algo que parece encantarnos y casi siempre son en vano. Pero por intentarlo que no quede. Claro que desde hace un poco más de un mes, mi mayor prioridad es que él esté bien. Pase lo que pase. 
Por eso no me importa ceder el protagonismo a los demás. Incluso cuando me pongo mandona y egoísta sé que va a hacer lo que es mejor para los dos. Supongo que en eso consiste una relación. 
Además, aunque algo me moleste, al final del día, saber que me quiere y que yo le quiero a él no lo cambio ni por todo el oro del mundo.
Fue una puerta a la esperanza y a la felicidad. Un viaje al mundo de las sonrisas no fingidas y de las lágrimas alegres. Un salto a una vida llena de grandes momentos. 
Y debe saber que a mí no me verá quedarme quieta mientras el mundo le hace daño y, que si en ciertos momentos tengo que ser fuerte por los dos, lo seré. Y a los fantasmas que les vaya bien en el baúl del pasado. Ahora él tiene la llave para mantenerlos siempre encerrados y bajo control. Y sé que está en las mejores manos. En las mismas que me hacen sentir querida cuando me acaricia. 
Le quiero. Mucho. Como sabía que estaba preparada para querer pero no había encontrado a la persona adecuada. Y él lo es. Mi persona favorita en el mundo. La otra mitad de mí.

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