Es tan sólo una fracción de segundo. Un pestañeo. Un relámpago que ilumina y se va por donde ha venido. Es la caída del último grano de un reloj de arena. Hablo del tiempo que necesitan las fortalezas mentales para venirse abajo y dar constancia de que todo lo que creías olvidado sigue ahí.Un deseo por cumplir, un proyecto desechado, un posible amor, una traición que creías pasada. Todo vuelve. Es el momento en el que desconectas de la realidad exterior. Entras en una especie de cámara lenta y el recuerdo se apodera de todos tus sentidos. Sientes una presión extraña en el pecho y te quedas como paralizado. Benditos flashbacks.
Y justo ahí te das cuenta de que estás perdida, que aunque sepas que todo está bien y que nada te va a quitar la sonrisa, hay ciertas cosas que no se olvidan tan fácilmente; q
ue tiene que pasar un cierto tiempo para que los fantasmas del pasado se desvanezcan y puedas seguir
adelante con normalidad.
Nunca sabes cuándo va a aparecer ésta sensación, pero cuando lo hace... Bueno, te sientes diferente. Son los golpes de realidad que tanto tememos pero que son muy necesarios para no caer en el autoengaño. La vida es bonita, pero no debe basarse en mentiras; sino en el fluir de los acontecimientos.
Hace unos años, lo que ya considero una eternidad, escogí la primera opción y no pude arrepentirme más. Pero ahora es distinto. Ahora espero que lo bueno llegue, con una felicidad y una energía que no había sentido nunca. Y me pregunto...¿ cuando llegue lo bueno, esa sensación tan breve y extraña de vuelta al pasado desaparecerá? Porque, por mucho que me cueste reconocerlo, la echaré de menos.
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